jueves, 16 de abril de 2026

Texto a la (23h:24m) Del jueves 16 de abril de 2026 / de jorge maqueda merchán (A Mario Alonso Puig (LinkedIn )

Crítica a una publicación aquí: en Linkedin de Mario Alonso Puig- que afirma: "No somos nuestros pensamientos, sino la conciencia que los observa. Cuando miramos la mente sin juicio, con serenidad y curiosidad, sucede algo revelador: empezamos a reconocer qué ideas nos debilitan y cuáles despiertan nuestra energía, salud y vitalidad. La verdadera sanación no comienza fuera, sino dentro. Empieza cuando nos atrevemos a mirar nuestro mundo interior con serenidad y compasión. En esa aceptación consciente descubrimos qué nos limita… y también la fuerza que puede liberarnos. Pregúntate hoy: ¿Qué estás alimentando dentro de ti?

Bueno Mario; primero, son muchas las veces que te he criticado no es extraño observar paralelismos en tus publicaciones con las mías, aunque no comentes el blog (sobre ese gusano que llevamos dentro- publicación propia que expongo ahora de blog: — "Pienso en un gusano enorme que crece dentro de mí, e, igualmente, dentro de todo hombre. Pero lo más terrible es que no puedo dejar de pensar en él, y a su vez, pensar que con ello lo que hago es alimentarlo. Sin embargo, tampoco puedo dejar de sentir, y entiendo que comenzar a sentir es, igualmente, una forma de condicionarlo. Pues su alimento está en el mismo lugar donde crece: en el corazón del hombre; y alimentarse de lo que hay es condición del gusano, al que de otra forma solo le queda morir de hambre. Si sientes ese gusano dentro, no te sorprendas, pero piensa con qué alimentaste antes tu corazón. Luego no te sorprendas, de aquello que surja de lo más hondo de / su interior— . Cualquiera diría "Mario" que hablamos de lo mismo / pero no / hablas de mi gusano y ese solo lo conozco yo / que no es de tu texto pero existe y es el de mi texto que ahora “sale “y te habla: le hablamos al sofista:

A menudo, Mario, compartes palabras que suenan bien pero que no sostienen nada en nosotros. es inercia, y la necesidad de “estar” en el mundo y de ser lo que el otro espera. Pero cuando una palabra no tiene forma propia en el texto, tampoco orienta nuestra acción: es nada. Y Propongo mirar de frente eso que no está pensado pero esta dicho y recuperar un lenguaje que no solo decore, sino que piense y nos piense (aunque cuando se dice, parece que no se piense en nadie y es aquí nadie que habla desde tu perspectiva, Mario y….

….si me dices “mente”, dime de qué mente me hablas; si me dices “juicio”, dime de qué juicio; si me dices “sanación”, dime de qué; si me dices “dentro”, dime dentro de qué; si me dices “aceptación”, dime qué se acepta; y si me dices “lo que nos limita”, dime qué es eso. Y si no lo dices, entonces lo que dices no piensa o piensa nada, y solo simula pensar. Luego El texto de Mario Alonso Puig funciona como un artefacto retórico que invoca conceptos sin encarnarlos (restaurar el sentido, exigir forma, y exigir del decir es nuestra responsabilidad / la de todos). Mario Utiliza palabras que, en apariencia, pertenecen al ámbito de la introspección profunda —“conciencia”, “sanación”, “mundo interior”, “aceptación”— pero ninguna de ellas se define el en el texto, tampoco se sitúa o se hace responsable de su propio contenido. Lo que haces nosotros con nuestra crítica, es preguntar por la forma: ¿qué es eso que dices cuando dices eso?

Pero Vamos frase por frase.

1. “No somos nuestros pensamientos, sino la conciencia que los observa.”Aquí ya aparece el primer problema: de ¿qué conciencia? De ¿qué de observación? ¿Qué estructura tiene ese observar? La frase funciona como un eslogan espiritual, pero no-es ni funciona como pensamiento. No se explica: qué distingue “pensamiento” de “conciencia”; ni qué tipo de relación hay entre ambas, ni desde qué experiencia concreta se afirma esto luego es (lo que es) luego de una afirmación que no se hace responsable de su propio fundamento.

2. “Cuando miramos la mente sin juicio, con serenidad y curiosidad…”Nosotros te preguntamos ¿qué mente? ¿Qué juicio? ¿Serenidad ante qué? ¿Curiosidad hacia qué? Aquí el texto de Mario introduce tres palabras que parecen técnicas, pero no lo son: Cuando “mente” no se define, cuando“ juicio” no se sitúa (¿moral? ¿Cognitivo? ¿Afectivo?), cuando “serenidad” se usa como si fuera un estado universalmente accesible, pero no se explica cómo se llega a él ni qué lo provoca. Luego la frase, de nuevo, funciona como un marco vacío: suena o parece que suena bien, pero no se orienta ni orienta a ninguna acción ni pensamiento concreto.

3. “Sucede algo revelador: empezamos a reconocer qué ideas nos debilitan y cuáles despiertan nuestra energía, salud y vitalidad.” Aquí el texto cae en lo que yo llamo o llamamos o se llama decoración lingüística. Y nuestras preguntas desmontan la decoración de la frase: ¿Qué ideas? ¿Qué significa “debilitar”? ¿Qué entiendes tu por “energía” para que yo te entienda? ¿Cómo conoces mi salud o mi vitalidad o puedes hablar libremente de ella? Y ¿Qué criterio que no observo, te permite distinguir unas ideas de otras? La frase promete una revelación, pero no revela nada después. Promete un reconocimiento, pero no nombra aquello que se reconoce. Promete una distinción, pero no ofrece el criterio. Es pura retórica motivacional. Y halar por hablar y nada luego manifiesto antes en conciencia.

4. “La verdadera sanación no comienza fuera, sino dentro. “Aquí aparece la estructura clásica del discurso espiritual vacío: “sanación” sin objeto, “fuera” sin referencia fuera de alguna forma, “dentro” sin lugar. Luego preguntamos Mario ¿sanación de qué? ¿Fuera de dónde? ¿Dentro de qué? y Si no se responde, diremos que la frase no significa o significa nada. Y es un extravió que espera de otro gesto (y pescar en el rio) luego no es ciertamente extravió: pero no-es tampoco un pensamiento.

5. “Empieza cuando nos atrevemos a mirar nuestro mundo interior con serenidad y compasión.” De nuevo Mario: ¿qué es “mundo interior”? Y ¿cómo se mira? Y ¿qué significa “atreverse”? y luego ¿qué forma concreta tiene esa compasión? ¿cómo lo haces tú, Mario, como compadeces y dímelo antes para que te entienda de alguna forma al hablar de ello? Vemos El texto no se hace responsable de su propio decir. No muestra experiencia, no muestra método, no muestra forma. Y Solo invoca como una voz vacía en el desierto esperando que alguien más vacío la oiga (para meterse luego dentro)

6. “En esa aceptación consciente descubrimos qué nos limita… y también la fuerza que puede liberarnos.” Aquí el vacío se vuelve evidente Mario: ¿qué aceptación? ¿Aceptación de qué? ¿Qué nos limita? De ¿qué fuerza? Y ¿qué significa “liberarnos”? de que o de quien y liberarnos ¿hacia luego qué? El texto no me responde a ninguna de estas preguntas. Por eso te decimos y pedimos: “háblame de eso antes de pedirme que lo acepte” pues si no se nombra lo que limita, no se puede hablar de liberación. Si no se nombra lo que se acepta, no se puede hablar de aceptación. Si no se nombra lo que se descubre, no hay descubrimiento.

7. “Pregúntate hoy: ¿Qué estás alimentando dentro de ti?” Bien pero ¿cómo voy a responder a esa pregunta si no me has dicho qué es “dentro”, qué es “alimentar”, ni qué opciones existen? por eso he respondido y yo soy..

Luego y de la crítica ala sofística se muestra deste tipo de textos —como el de Mario Alonso Puig— que funcionan mediante un uso del lenguaje sin fondo que no-es pero que produce efecto sin producir verdades, un decir que conmueve sin comprender a nadie manifiesto y que orienta sin saber hacia dónde. No se trata de mala intención, sino de una estructura retórica que opera con palabras que parecen profundas de sentido pero no lo tiene ahí luego no remiten a lo-sentido y concreto y de alguna forma: “conciencia”, “sanación”, “mundo interior”, “aceptación consciente”, “lo que nos limita”, “la fuerza que puede liberarnos”. Gorgias ya describía este mecanismo como un phármakon: un discurso capaz de afectar al oyente sin necesidad de sostenerse en la realidad que no-es ahí luego ni antes de lo que nombra. Protágoras advertía que el lenguaje puede moldearse para agradar más que para pensar, y a veces para pescar (el sofista) Aristóteles llamaría a esto léxis kénē, palabra vacía. Aquí ocurre exactamente eso: se promete revelación, reconocimiento, transformación, pero nunca se nombra qué se revela, qué se reconoce, qué se transforma. Tus preguntas —¿qué mente?, ¿qué juicio?, ¿serenidad ante qué?, ¿sanación de qué?, ¿dentro de dónde?, ¿qué acepto?, ¿qué me limita?, ¿qué fuerza?— no son caprichos, sino la exigencia mínima para que el lenguaje piense y no solo suene. Cuando esas preguntas se formulan, el texto se deshace, porque no puede responder sin revelar que no afirma nada preciso.

Frente a esa lógica sofística, nuestra crítica introduce lo que la sofística evita: la obligación de que cada palabra tenga forma, origen, huella, que pueda ser verificada en la experiencia y no solo en la emoción del lector. Nosotros (desde la filología y filosofía) le devolvemos al lenguaje su peso ontológico ( lo que es) siempre de alguna forma lo pensado que no es aquí / luego esto es una defensa del pensamiento frente a la retórica vacía—exigir que cada palabra diga algo y no solo parezca decirlo— me sitúo en el lugar opuesto al sofista: allí donde el lenguaje no es un instrumento para producir efecto, sino un espacio donde algo verdadero puede aparecer.

Y Si llevamos esta crítica al terreno de El sofista de Platón, la relación se vuelve aún más precisa. Allí, el sofista aparece como aquel que produce imágenes del saber sin el saber mismo, que fabrica apariencias discursivas capaces de seducir pero incapaces de sostenerse cuando se les exige definición. El texto de Mario Alonso Puig encaja en esa figura platónica porque opera mediante lo que el diálogo llama eikastiké: una imitación que no busca la verdad del objeto, sino el efecto que produce en quien escucha. Cuando se habla de “sanación”, “mundo interior”, “aceptación consciente” o “fuerza que libera”, se generan imágenes verbales que parecen referirse a algo real, pero que no se dejan atrapar por ninguna pregunta que pida forma, límite o contenido. Platón diría que aquí no hay logos sino phantasma: un decir que no piensa, una sombra del pensamiento que se presenta como pensamiento. Y es precisamente nuestra crítica —preguntar qué es eso que se dice cuando se dice eso— lo que deshace la ilusión sofística y obliga al discurso a mostrar si tiene ser o si solo tiene brillo. (estos son mis servicios y gratis, desenmascarar: al sofista - de Platón)

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Texto ( del 11 de Mayo) Crítica a un artículo presentado por Filosofía en la Red / de jorge maqueda merchán a: Filosofía en la Red (LinkedIn)

Crítica a un artículo presentado por Filosofía en la Red enlace  ( https://filosofiaenlared.substack.com/p/kant-heisenberg-filosofia-fisica-...